sábado, 22 de julio de 2017

Reseña de SOBRE LA MARCHA, novela de Juanjo Barral en Zenda

La vida sobre raíles

La vida sobre raíles
Subir a un tren para perseguir la vida, el afán de un destino diferente y el descubrimiento ilimitado. Sobre la marcha, del escritor y periodista Juanjo Barral (Oviedo, 1962), rememora entre el recuerdo y la ficción su aventura  juvenil de InterRail en agosto de 1987. Este libro me da la oportunidad de cerrar un capítulo que comenzó hace veinticinco años, cuando yo hacía mis primeras incursiones periodísticas y Barral debutaba con la novela Londres. La ocasión mereció una entrevista. Y ambos quedamos unidos para siempre por la amistad y la literatura.
"Las enormes alas de la Generación Beat cubren sin disimulo la novela de Juanjo Barral y Sobre la marcha nos sienta de nuevo frente al mandamás de aquel grupo salvaje y contracultural, frente a Jack Kerouac y su novela En el camino."
Improvisación. Búsqueda. Hedonismo. Es lo que mueve a los dos protagonistas. Leo y Sal tienen veinticinco años y consiguen embarcarse antes de que su oportunidad caduque. El libro discurre por el viaje que muchos jóvenes de mi generación soñábamos olfateando la modernidad desde la barrera, atrapados como estábamos en la autopista que conecta Oviedo, Gijón y Avilés. A Leo y Sal la vida les invita a acomodarse en un vagón. Realmente no saben a dónde van. Y tampoco parece importarles. Sobre la marcha exploran, aman y se emborrachan. París, Londres, Florencia… La ruta tiene en realidad otro destino. Un destino que no es físico: “Un mes como éste puede alterarte la vida para siempre”.
Las enormes alas de la Generación Beat cubren sin disimulo la novela de Juanjo Barral y Sobre la marcha nos sienta de nuevo frente al mandamás de aquel grupo salvaje y contracultural, frente a Jack Kerouac y su novela En el camino. En ambas obras narrador y protagonista comparten nombre, incluso ciertos detalles en la construcción de los personajes de Barral parecen inspirarse en Sal Paradise y Dean Moriarty. Leo, como Dean, se deja llevar despreocupado y ardiente, mientras que Sal insiste racionalmente en la necesidad de “controlar los límites”. Canutos y dexedrina en sus mochilas. El laboratorio de cualquier “Walter White” de la época para acompañar las subidas y bajadas de otros viajes más intensos y menos reales: “La percepción campa a capricho por un territorio reinventado por la lisergia”. Sin embargo no hay confusión posible. Sobre la marcha es en realidad una historia de amistad contada con ironía y humor, a ratos triste y en ocasiones desesperada, con esa prosa cortante y afilada con la que Barral convierte los pensamientos en palabras y las palabras en literatura. Y por momentos, con una profunda carga poética. Ahí es donde se cuela el Barral poeta, el autor de los poemas de andar por casa, sencillo y cotidiano: “Dentro de mí también hace bueno”.
"Emociona Barral porque es creíble y suena a verdad. Porque resulta fácil empatizar con esa pareja de soñadores en busca de no se sabe qué."
Objetivo alcanzado si el escritor quería hallar la forma de contarlo como lo haría un chaval en la veintena, esperando a que las olas le den el primer revolcón en una playa aún sin explorar. “Conoces la belleza, pero no conoces esta belleza”, confiesa Sal mientras pasean por las calles de Amsterdam. En otro momento reconoce, al borde del síndrome de Stendhal, que los sentidos “necesitan reposo, dejar de sentir tanto, tan intensamente”.
¿Es la emoción una terminación nerviosa de la verdad o de nuestra capacidad de identificarnos con un texto bien escrito? Emociona Barral porque es creíble y suena a verdad. Porque resulta fácil empatizar con esa pareja de soñadores en busca de no se sabe qué. “Aquí estamos de nuevo, con los raíles por delante y otro destino por alcanzar”. Es una mutación casi imperceptible. Un proceso profundo, como suelen ser los cambios importantes que marcan nuestra vida. Como esa primera noche en la que ya no necesitas la luz del pasillo encendida para dormir sin amenazas.
"Entonces no había móviles ni tabletas y la estela que se le escapa al mundo por la ventanilla del tren se quedó en los ojos de aquel que mira para siempre."
En el tránsito experimentan momentos dramáticos magistralmente narrados. Lo sentimos cuando Sal regresa a casa de madrugada por una desierta calle londinense con un coche de policía respirándole en la nuca. También compartimos la angustia de verle al borde de la muerte en el infierno griego de una ola de calor. Tampoco se explicaría la transformación de Sal y Leo sin la mujeres que se cruzan en el camino. Salvo María, la yonqui de Santander, e Isabelle, la recepcionista de un  hotel de París, todas aparecen de dos en dos para alimentar espejismos  y acompañarles al otro lado. Tratándose de un Barral (miembro de una incombustible estirpe cultural asturiana), la música es un personaje con un gran poder de sugestión. Te ayuda a perdonar,  te aloja en la nostalgia y te muestra la senda de la felicidad total. Sobre la marcha invoca a The Cure, Billy Bragg, New Order, The Smiths… Alguien me dijo que con Juanjo y sus hermanos llegaron a Oviedo los primeros discos de la banda de Morrissey.  Por algo los protagonistas de esta historia, jóvenes con mochilas cargadas de química, no son “ninis” sin inquietudes. Leen a Julio Cortázar y Salman Rushdie, y se plantean preguntas sin respuesta frente a un cuadro de Rothko o el porqué de tanta miseria cuando atraviesan la antigua Yugoslavia: “De repente es como si se hubiera apagado la vida, como si Yugoslavia mirara hacia abajo, negándose a ver. (…) Aquí casi nadie ríe y pocas cosas hay que hagan gracia”. O también la sinrazón del “thatcherismo” que dejó en la estacada a millones de trabajadores.
Barral recorre con nosotros una Europa que ya no existe, estampada en un cuaderno de viaje lleno de vidas. Todavía no ha caído el telón de acero. El muro de Berlín sigue en pie. No ha estallado la guerra de los Balcanes y Felipe González gobierna en España. Entonces no había móviles ni tabletas y la estela que se le escapa al mundo por la ventanilla del tren se quedó en los ojos de aquel que mira para siempre.
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Autor: Juanjo Barral. TítuloSobre la marchaEditorial: Baile del Sol

viernes, 7 de julio de 2017

Entrevista a Alberto García-Teresa en Vallecas VA

“Ninguna poesía es inocente” [entrevista a Alberto García-Teresa], en Vallecas VA nº 258 (julio-agosto de 2017)


ALBERTO GARCÍA-TERESA·VIERNES, 7 DE JULIO DE 2017
Roberto Blanco Tomás, “Ninguna poesía es inocente” [entrevista a Alberto García-Teresa], en Vallecas VA nº 258 (julio-agosto de 2017).
>‘Ninguna poesía es inocente’. Alberto García-Teresa, poeta de conciencia crítica y vecino del PAU de Vallecas
// Roberto Blanco Tomás


Alberto García-Teresa se define como “una persona que entiende que la poesía y la literatura son una forma de construir el mundo, de construir otros mundos posibles y también de enfrentarnos al mundo que nos rodea”. Poeta, estudioso de la poesía, microrrelatista, crítico literario, antólogo… nos recibe en su piso del PAU de Vallecas, donde mantenemos una apasionante conversación sobre literatura. Lo que sigue es solo un pequeño fragmento de la misma. 

¿Cómo definirías tu poesía?
Intento hacer una práctica de escritura poética que busque enjuiciar cómo está hecho el mundo. Cómo funciona este sistema de dominación, cómo lo hemos interiorizado y por qué sigue perviviendo a pesar de que mucha gente nos oponemos a él… Por un lado es eso, una poesía que critica al sistema, y por otro lado busca celebrar a esas personas que estamos oponiéndonos a él, los vínculos, la comunidad, desde un vitalismo radical consciente de las posibilidades de transformación, que aunque sean limitadas siguen estando ahí, y por eso hay que apostar por ellas… Es una poesía que intenta conjugar ambas vertientes desde un posicionamiento claro, de oposición, sabiendo que la poesía es una herramienta de construcción de mundos, de construcción ideológica, y que ninguna literatura, ninguna poesía, es inocente: no hay nada apolítico. Está claro que no estamos hablando de compartimentos estancos, estamos llenos de contradicciones, pero la cuestión es ser conscientes de las repercusiones ideológicas que tiene nuestra escritura: hacia dónde queremos ir, a quién queremos hablar y cómo le estamos hablando. La poesía por sí sola no puede cambiar el mundo, pero en una suma de procesos puede ayudar a que terminen de encajar las cosas.
Creo además que una de las cuestiones más importantes, e intento llevarlo a cabo, es el ser consciente de que la poesía, como decía Lautréamont, debe ser hecha por todos. Y yo añado: “debe también ser escuchada y tener la posibilidad de ser recibida por todos y todas”. De ahí ese empeño especial que tengo en hacer recitales en la calle, en llevar la poesía a sitios donde habitualmente no se escucha.

¿Por qué la poesía?

Buscando una literatura que sirva para cohesionar una forma de ver el mundo y una forma de articular respuestas a cómo está organizada la sociedad, tiene sentido apostar por la poesía como un elemento de agitación, o por lo menos que nos sirva para cuestionarnos cosas. Pienso que el poema, frente a otros géneros literarios, lo bueno que tiene es la brevedad y la capacidad de ponerse en funcionamiento muy rápido en vivo. Solo necesitas un poema, o a veces simplemente la memoria, la viva voz y ya está. No necesitas un escenario u otra serie de cosas. En un cuento necesitas más tiempo para desarrollarlo, no digamos una novela… pero un poema, a lo mejor en tres o cuatro minutos eres capaz de formularlo, de ponerlo en circulación. Lo puedes hacer esperando en la fila del SEPE para fichar, o en un transporte público, o directamente vociferando desde un balcón. Creo que tenemos que ser conscientes de que la poesía no es algo para leer en la intimidad solamente, que también.

Háblame de lo último que has publicado…
Eso nos lleva a unos años atrás: después de terminar y publicar mi tesis doctoral sobre la Poesía de la conciencia crítica. Ese trabajo, estudiar toda la poesía que a mí como lector y también como poeta más me interesaba, fue un magma importante para dar forma a otras cosas. Después de la tesis me embarqué en Disidentes, la antología, que digamos que era la “parte práctica”, el compendio de todos los autores y autoras que había estado estudiando, una selección de lo que consideraba más brillante dentro de su producción. Claro, cuando tienes que leer absolutamente todo lo que han escrito esos autores más todo lo que han escrito sobre ellos, eso te va enriqueciendo muchísimo, es un aprendizaje estupendo.
De esta forma brotaron dos proyectos paralelos. La casa sin ventanas, publicado en 2016 en Baile del Sol, que es un libro que trabaja sobre ese concepto: que simulamos o creemos que estamos viviendo en una casa sin ventanas, y en el libro hablo constantemente de lo que está ocurriendo en esa casa, cómo funciona el mundo allí, en qué lugar quedan los otros, dónde estamos nosotros mismos, dónde puede estar la empatía… Si te fijas, en La casa sin ventanas son la mayoría poemas muy breves, pero al mismo tiempo comencé a trabajar en un poema-río, El alba se asoma entre los cerrojos, que finalmente ha aparecido en mi último libro, A pesar del muro, la hiedra, publicado hace un par de semanas en Huerga y Fierro. Este poema intenta hablar de la inminencia de un cambio y de lo que esto implica. Releyendo este último libro, en el que la mitad es ese poema largo y otros son poemas más convencionales, me di cuenta de que había subido el nivel de violencia, verbal por lo menos, que corresponde con unos años de escritura en los que los recortes han sido especialmente duros, y además al sistema se le ha caído la careta en cuanto a la represión en la calle. Esa rabia y ese dolor ahí se reflejan, sin perder nunca la esperanza de la hiedra: yo creo que mientras siga habiendo semillas y las posibilidades de sembrar una hiedra, habrá que seguir intentándolo, porque nos va la vida en ello.

Una vez publicado este último libro, ¿con qué estás ahora?
Pues con Jimena Cuerva, fotógrafa, y surgió la idea de construir lo que llamamos Escombros, que es un proyecto de ficción lírica audiovisual con una línea muy oscura; siniestra. Y ahí estamos, trabajando con una serie de fotografías que ha hecho ella de edificios en ruinas. A partir de las fotos yo escribo la historia en torno a esos edificios, y el siguiente paso es cómo lo vamos a poner en marcha: la idea es hacer un recitado de esos textos, proyectando las fotos y con música… Estamos en pleno proceso creativo ahora mismo, vamos a ver cómo va saliendo…
¿Algún mensaje para los lectores?
Que sigamos apostando por la poesía puesta en común, comunitaria, celebrada en público, y que sigamos también quitándonos esos prejuicios negativos acerca de la poesía, de lo que puede ser o no poesía, de lo que nos dice, de lo que tengo que adivinar en un poema, y dejémonos seducir también por lo que el poema nos propone y por lo que nosotros aportamos al poema… A disfrutar…


RECUADRO: Obra publicada
Alberto García-Teresa (Madrid, 1980) es autor de los poemarios Hay que comerse el mundo a dentelladas (Baile del Sol, 2008), Oxígeno en lata (Baile del Sol, 2010), Peripecias de la Brigada Poética en el reino de los autómatas (Umbrales, 2012), Abrazando vértebras (Baile del Sol, 2013), La casa sin ventanas (Baile del Sol, 2016) y A pesar del muro, la hiedra (Huerga & Fierro, 2017), así como de la plaqueta Las increíbles y suburbanas aventuras de la Brigada Poética (Umbrales, 2008), Premio Ignotus a la mejor obra poética de contenido fantástico editada en 2008, de la Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror. También ha publicado el libro de microrrelatos Esa dulce sonrisa que te dejan los gusanos (Amargord, 2013).

Es doctor en Filología Hispánica con Poesía de la conciencia crítica (1987-2011) (Tierradenadie, 2013), y ha publicado también Para no ceder a la hipnosis. Crítica y revelación en la poesía de Jorge Riechmann (UNED, 2014). Ha confeccionado antologías como Disidentes. Antología de poetas críticos españoles (1990-2014) (La Oveja Roja, 2015), Novo mondo en kiaj koroj (Calumnia, 2016. Recopilación en esperanto de poesía crítica actual española) o de los poemas de Enrique Falcón (Aluvión; La Oveja Roja, 2017) o de Antonio Méndez Rubio (Abriendo grietas. Poemas de, desde, hacia la utopía; Amargord, 2017), entre otras. 

martes, 13 de junio de 2017

Bailando con Mari Nieves Pérez Cejas: "Los lugares que forman parte de nuestro día a día transmiten emociones"



Baile del Sol.- ¿Con qué tipo de poesía se van a encontrar quienes lean La Melancolía de los Supermercados?

Mari Nieves Pérez Cejas.- La Melancolía de los Supermercados no es sino un diario de cómo la realidad se traduce en forma de verso. En este sentido, los lectores van a tropezarse con una poesía que puede incluso resultarles familiar, porque emana de un entorno cotidiano en el que las imágenes se sienten cercanas, se reconocen porque se comparten. Los lugares que forman parte de nuestro día a día transmiten emociones. Puede parecer banal pero un espacio tan simple como un supermercado se transforma en un baúl de imágenes, de sonidos que nos hablan de lo ocurrido y de lo que quizás pueda ocurrir.

BdS.-¿Crees que la cotidianidad respira poesía?

MNPC.- Por todo ello, sí. Lo cotidiano también es poesía, también nos emociona, nos sugiere, forma parte de lo que somos o de lo que queremos ser. No nace el verso de una realidad extraordinaria, al contrario, es el verso quien convierte en especial aquello que forma parte de nuestro día a día, lo que está siempre ahí y te acompaña, lo que de repente genera una emoción inesperada. Los objetos, los espacios cotidianos cobran un nuevo sentido, el que les otorga la poesía desde la experiencia vivida.

BdS.- ¿Cuánto hay de poemario amoroso en La Melancolía de los Supermercados?

MNPC.- La Melancolía de los Supermercados es un recorrido emocional, en el que el amor, por supuesto, ocupa un espacio privilegiado. El amor que se vive y que se sueña, el amor entendido como un diálogo necesario con el otro, como una vivencia que suma y que nunca resta, aunque el resultado pueda ser doloroso. No sé si La Melancolía pretendía ser un poemario amoroso, lo que sí es es un poemario que sobre todo habla de amor porque es a través de él y de sus variantes que me relaciono con el mundo.

BdS.- ¿Cómo ha sido el proceso de escritura?

MNPC.- Este libro nació por casualidad. Por casualidad empecé a escribir y de la misma manera espontánea estos versos fueron tomando forma hasta construir una historia.
Los poemas que se incluyen en el libro fueron escritos en diferentes épocas de mi vida. Algunos de ellos tienen casi diez años, mientras que otros, sobre todo los últimos, son mucho más recientes. De ahí que pueda decirse que, a medida que pasa el tiempo, los versos se complican, se alargan porque las experiencias vitales así lo exigen. Se acercan temas que hasta ese momento no formaban parte de lo cotidiano, como por ejemplo, la posibilidad de la muerte.
Como he comentado, el libro reúne poemas que fueron escritos en un intervalo de tiempo muy largo. Además, muchos de ellos fueron resultado de un impulso, la conciencia de escritura llegó más tarde, cuando aparecieron lectores y surgió la posibilidad de su publicación.




BdS.- ¿Qué respuesta has recibido del público lector?

MNPC.-Ver que tus textos cobran vida en forma de libro ya es todo un regalo. Así que compartir con los lectores lo que nació y pretendió ser solo un acto de intimidad casi ajeno al proceso consciente de escritura y, por tanto, a su distribución, se convierte, en primer lugar, en una osadía y, en segundo lugar, en un privilegio.

BdS.- Uno de tus poemas se titula “Inventario”, ¿crees que la poesía es un lenguaje adecuado para inventariar de alguna forma nuestras vivencias?

MNPC.- Creo que la poesía es un lenguaje más, una manera de que, a través de la palabra, las experiencias vividas cobren incluso más sentido. Parece que al retratarlas en papel nacen de nuevo, vuelven a ser, a definirse o a “re-definirse” más bien, sugiriendo otros sentidos, creando un vínculo atemporal entre la vivencia y la poeta. Cuando releo La Melancolía me parece que estoy ante un diario emocional que conecta momentos, sensaciones a veces casi ínfimas, personales o compartidas, pensadas o sentidas, imaginadas tal vez, instantes que al verterse en forma de palabras adquieren más sentido, construyen historias que, en ocasiones, antes de apalabrarse, no existían como tales.

"Creo que la poesía es un lenguaje más, una manera de que, a través de la palabra, las experiencias vividas cobren incluso más sentido".

BdS.- ¿Qué temas te interesan fundamentalmente a la hora de escribir?

MNPC.- Como ya he comentado, La Melancolía no fue un libro pensado, no existió nunca la intención de que los versos que, a lo largo de varios años fueron surgiendo, construyeran un poemario. Por tanto, en este sentido, no hubo una búsqueda temática, ni tan siquiera estilística, la conciencia poética llegó después, en el momento en el que los lectores empezaron a formar parte del proceso de escritura y de que la posibilidad de publicación fuera real. Sí es cierto que en un determinado momento la muerte llegó como tema y como realidad, por lo que escribir sobre ella resultó inevitable. Pero esta temática consciente llegó después, tras compartir los textos y sentir que construían un itinerario poético reconocible. Fue entonces cuando sentí la necesidad de escribir sobre lo que en ese momento estaba condicionando mi vida. En El invierno más largo, otro de mis poemarios, sí hay una línea temática común a todos los textos que conforman el libro. Se trata de la condición femenina, de la mujer como tema. Una mujer que deconstruye mitos y que ofrece su visión del mundo y de las relaciones que en él se establecen.

BdS.- ¿Qué poesía lees?

MNPC.- Nunca he sido una gran lectora de poesía. De hecho, mis primeros libros y los que, en general, han ocupado mucho más mi tiempo han sido novelas. Puede decirse que la poesía como tal fue un descubrimiento que debo a quien fuera varios años mi profesor en la universidad. La poesía del siglo XX fue un regalo de Juan José Delgado, poeta, crítico, excelente educador que supo transmitirnos la genialidad del verso. De sus clases, Ángel González se convirtió rápidamente en una de mis lecturas de referencia. A partir de ahí, he leído todo lo que ha caído en mis manos, lo que otros me han sugerido, consejos de amigos, recomendaciones que abarcan caminos, estilos y épocas dispares. Nombres tan distintos que son mundos enteros ellos solos. He leído a Idea Vilariño, a Sylvia Plath, a Luis García Montero (me encanta su forma en que convierte la vida en poesía)… En estos últimos tiempos, Elena Medel, Cecilia Domínguez, Tina Suárez… De mi estancia en Rumanía, me quedo con Ana Blandiana, por ejemplo.

BdS.- ¿Estás trabajando actualmente en algún otro proyecto literario?
         
MNPC.- Acabo de terminar un poemario cuya temática difiere en gran medida de lo que he escrito anteriormente. Son poemas que empecé a escribir hace casi dos años durante el tiempo que estuve trabajando en Rumanía y que tienen que ver no solo con mi relación con el país sino con esta Europa de fronteras cada vez más deshumanizada. Así, la soledad del invierno rumano se convierte en una excusa para hablar del otro, de la soledad de un mundo en el que no hay refugios ni puertas abiertas. El libro está terminado, a la espera de poder publicarse. Al amparo de los versos de Ana Blandiana: “Yo creo que somos un pueblo de plantas / ¿Quién ha visto a un árbol rebelándose?”, surgió mi último poemario.


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lunes, 5 de junio de 2017

Bailando con Eduvigis Hernández: "Creo que toda creación es una suma de imaginación y memoria"



Baile del Sol.- ¿Cómo definirías los relatos de Venerada Virginia?

Eduvigis Hernández.-  Constituyen una suerte de “homenajes y divertimentos” inspirados en la narrativa que me atrae y con algún guiño cinematográfico, elementos cómplices en la larga amistad que compartí con Dolores Campos-Herrero, a quien va dedicado este libro.


BdS.- ¿Cuál podría ser su hilo conductor?

EH.- Pienso que el hecho de albergar algún elemento irreal o inexplicable que se inserta en una lógica aparente. No se trata de literatura fantástica, pero quizá las historias bordean una continua sensación de extrañeza.


BdS.- Muchas de las historias resultan inquietantes, ¿cómo consigues generar esa atmósfera?

EH.- No lo sé, esa valoración queda del lado de los lectores. Por especular con esa posibilidad, tal vez porque los sucesos ocurren con cierta naturalidad, con cercanía al devenir cotidiano de cada personaje.


BdS.- También está muy presente el mundo literario, escritores y libros pueblan algunas de las historias, ¿qué nos puedes comentar al respecto?

EH.- Que me considero una lectora que escribe porque no puede evitarlo, porque es un acto reflejo motivado en principio por el propio gusto de la lectura. En ese sentido, se trataría de un acto de agradecimiento hacia algunos autores que admiro: Ruth Rendell, Patricia Highsmith, Guy de Maupassant, Paul Auster, Robert Louis Stevenson, Henry James, y por encima de todo, Virginia Woolf.

 
"No se trata de literatura fantástica, pero quizá las historias bordean una continua sensación de extrañeza".


BdS.- ¿Por qué Virginia Woolf?

EH.- Porque desde que la leí por primera vez, a los dieciocho años, se ha convertido en lo que llamo “mi debilidad”. Para mí es un verdadero placer releer sus obras, casi podría decir que las colecciono, ya que busco distintas traducciones, y mi máxima aspiración continúa siendo poder leerla algún día en su idioma original (aunque me moriré sin haberlo conseguido, seguro). El relato que da título al libro es un intento de reflejar esta veneración, y pretende ser también un reconocimiento a la supervivencia de las palabras.


BdS.- ¿Qué te parece lo esencial para construir un buen relato?

EH.- El tono. Encontrar el adecuado a lo que se cuenta y mantenerlo hasta el final. Por esto me parece esencial leer y releer lo escrito en voz alta, comprobar la “melodía” del texto, las pausas, los ascensos y caídas.




BdS.- ¿De dónde surgen tus historias?, ¿imaginación, observación, qué consideras más importante?

EH.- Creo que toda creación es una suma de imaginación y memoria, a lo que se añade aquello que se observa con “todos los sentidos”: lo que se lee, lo que vemos y escuchamos, los olores y sabores, lo que nos dicen y lo que no… Balzac decía que el artista es poseedor de una segunda mirada que penetra más allá de la mirada común, que descubre otras cosas. Para mí la bendición/maldición que supone esta inquietud de escribir consiste en gran parte en dejarse poseer por esa segunda mirada inevitable.


BdS.- ¿Qué te gusta leer?

EH.- De todo, aunque, eso sí, dentro de un orden. Desde siempre leo novelas y relatos. Desde hace un tiempo también ensayo y poesía, aunque no tanto como quisiera. Lo cierto es que cada vez me intereso más por los textos (y los libros) breves. Disfruto muchísimo con las grandes y extensas novelas del s. XIX, pero no veo motivos para publicar ahora un libro de seiscientas páginas.


BdS.- ¿Estás trabajando en algún nuevo proyecto literario?


EH.- Bueno, me tomo mi tiempo para escribir y mucho más para publicar. Lo mío es recopilar material pasados unos años. Sí, hay por ahí un par de proyectos: uno con textos breves y una biografía novelada (o algo similar).


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jueves, 1 de junio de 2017

Entrevista a Sami Tchak en "África no es un país"

Sami Tchak, poeta de la condición humana


El escritor togolés presenta en Las Palmas su novela 'La fiesta de las máscaras'


ÁNGELES JURADO. Las Palmas de Gran Canaria 1 JUN 2017


"En muchas historias de amor hay una muerte simbólica. No creo que tenga razón, pero lo pienso como artista", explica Sami Tchak (Togo, 1960), virando el rostro escarificado hacia su audiencia. Parece que les pida permiso, educadamente, para opinar sobre su propia obra. Lo hace en un español lento, que se demora buscando la palabra precisa. Lo aprendió en Cuba, en la calle, de otros africanos. Lo desempolva para la Feria del Libro de Las Palmas de Gran Canaria y el club de lectura de Casa África, donde ayer presentaba su novela La fiesta de las máscaras.

El escritor togolés Sami Tchak en la mediateca de Casa África.
El escritor togolés Sami Tchak en la mediateca de Casa África. PEPE MILLO



Sadamba Tcha-Koura (Sami Tchak) pasó la larga tarde de ayer dividido entre la carpa Macondo del parque de San Telmo y la sede de Casa África, exponiendo las claves de esta breve obra, que apenas llega al centenar de páginas y que combina lo poético y lo crudo, como el puñetazo de una mano forrada con un guante de terciopelo. Publicada recientemente por Casa África, hay quienes la consideran una obra menor a la sombra de la aclamada Puta vida, también publicada en español por una editorial hoy extinta.

Sami Tchak tiene la mirada dulce, la voz serena, el pelo parcheado de canas y las manos móviles, suspendidas perpetuamente en el aire. Enjunto y amable, contradice su reputación de enfant terrible de la literatura contemporánea con unas maneras corteses y el evidente deseo de intercambiar opiniones con sus lectores. Su fama de escritor subversivo, extremo, escandaloso incluso, le persigue hasta aquí sin alcanzarle. La conversación desnuda su obra de artificios para dejar a la vista sólo el esqueleto de denuncia política y social, el mensaje que quiere pasarnos.
Lo más obvio de La fiesta de las máscaras puede ser, precisamente, su voluntad de desmarcarse de la acidez y el humor de Puta vida. En sus conversaciones con la prensa, se declara un inveterado pesimista, que nos ve capaces de repetir lo peor de la historia desde el Holocausto y el genocidio ruandés hasta el infinito y más allá. También explica que se considera heredero de Sigmund Freud, con el que comparte la idea de que el sexo es la pulsión que todo lo explica y justifica.
Tchak se dice obsesionado por la oscuridad que portamos dentro, por las sombras de la condición humana. En esta breve novela intenta desentrañar toda la complejidad de las relaciones entre dinero, poder y cuerpo y extrapola un microcosmos de relaciones de poder desde el contexto familiar hasta el de las élites gobernantes corruptas y un país al completo.

Tragedia

La fiesta de las máscaras es una pura tragedia, narrada con desmesura y urgencia, en la que la muerte siempre está presente.
Tchak escribió la novela hace 13 años, situándola en un territorio imaginario y un tiempo indeterminado. "La historia funciona como una tragedia griega a puerta cerrada", se justifica. "No necesito fecha, no necesito muchas precisiones. Hay cosas que pasan en un país latinoamericano que podría ser un país africano". Dice que le interesa lo universal, no algo exclusivo de unas fronteras o un momento concreto de la historia.
Marcan el paso del texto una banda sonora en la que brillan Catherine Lara o Boy George y el recurso a las figuras de Reinaldo Arenas, José Lezama Lima, Marguerite Yourcenar o Marcel Proust. También el cine tinta las páginas de Tchak.  "Me encanta el cine y mientras escribía esta obra, veía una película que me influyó mucho, Ese oscuro objeto de deseo, de Buñuel", señala. "Carla, la protagonista, que hace con los hombres su voluntad, tiene que ver con la protagonista de Buñuel. La forma en que se desenvuelve la historia tiene que ver un poco con esa película también. Avanzamos y volvemos para atrás para saber qué pasó antes y comprender lo que va a pasar".
El contrapunto de Carla es Carlos, su hermano menor y la voz que nos narra la historia. Incómodo en una piel que habita a pesar de sí mismo, homosexual, celoso de su hermana, traumatizado por un padre que le desprecia y no le considera un hombre, Carlos busca instintivamente la muerte hasta toparse con ella en el momento en que roza apenas, con la punta de los dedos, la felicidad. Comprendemos su lamento de camino a esa muerte anunciada, a machetazos, a la orilla de una suerte de Laguna Estigia. Todo nos va llevando hacia una desgracia ineludible.
"La homosexualidad es un tema complicado en muchos países africanos", reconoce Tchak. "En Senegal, por ejemplo, es muy difícil hablar de ella. Traté de hacer una descripción muy indirecta, no hablar directamente de la homosexualidad, pero es uno de los temas centrales de la novela. Me interesa a partir de la lectura de autores como Reinaldo Arenas, Lezama Lima o Fernando Vallejo, con La virgen de los sicarios".
Por otra parte, las mujeres de Tchak se sitúan en este mundo difuso y tropicalizado en función de sus relaciones con los hombres. "Los hombres tienen una posición de dominio, las mujeres son dominadas", constata el autor, refiriéndose a una realidad que va de Togo a México, pasando por India o Rusia. "Lo más fácil para que una mujer alcance el poder es que mantenga una relación con los hombres que tienen el poder".
En este contexto, la violencia de género se convierte en una especie de parábola para describir una sociedad que acepta lo inaceptable con una facilidad pasmosa. Sobre todo, entre las mujeres. "La madre prepara a su hija para aceptar lo que ella aceptó de su marido. Hay un problema de independencia financiera e intelectual de las mujeres en mi país y eso las fuerza a hacer todo lo que quiere el hombre del que dependen", apunta.
Sociólogo de formación, Tchak avanza que sus investigaciones le conducen a sus novelas, proponiéndole temas que van desde la agricultura en Burkina Faso a la prostitución en Colombia. Precisamente en Cali, Colombia, y gracias a un estudiante de la ciudad que hizo una tesis sobre él, se gesta el proyecto de traducción y publicación de tres de sus obras.
La fiesta de las máscaras le sorprendió triunfando en Argelia, país al que el escritor ha viajado ocho veces en la última década y cuyo ministerio de Cultura apostó por publicar tres de sus novelas y repartirlas en tiradas de 2.500 ejemplares por las bibliotecas del país. Ese éxito le sorprendió porque, en general, sus obras están condenadas al exilio europeo o a los campus africanos, de los que casi no salen.
Tchak se sabe lectura minoritaria, carne de tesis muy especializada, poco africano para el paladar de muchos. Es un autor con el que puede ser complicado conectar. Los temas que le escogen y la forma en que los aborda despiertan pasiones. Buenas y malas. Sin embargo, él prosigue su camino entre ensayos y novelas, obsesionado por esa condición humana que se le escapa de las páginas, incapaz de juzgar a otro ser humano y consciente de que en él también conviven la peor y la mejor de las posibilidades. 
Esta tarde continúa el programa africano de la Feria del Libro de Las Palmas de Gran Canaria, con la ecuatoguineana Trifonia Melibea Obono y su novela La bastarda. Mañana, viernes, el nigeriano Ade Akinfenwa presentará su texto Poesís y refranes yoruba, y cerrará prácticamente la feria, el domingo por la mañana, Federico Vivanco, de la mano de su recopilación de cuentos y poemas Ellas (también) cuentan.

EL AFRICANO UNIVERSAL

Sami Tchak, poeta de la condición humana
A Sami Tchak no le interesa cercar con coordenadas físicas o temporales sus historias. La fiesta de las máscaras tiene algo de Togo, algo de Francia, algo de Colombia y todo de universal.
El propio Tchak vive desde hace tres décadas en Francia, donde se siente libre para expresarse como mejor convenga a su espíritu algo sombrío y pesimista. Reconoce que su lengua es el francés, que le sirve para explicarse y explicar el mundo y sin el que se sentiría mudo. También afirma que son los grandes autores latinoamericanos los que mejor escriben sobre África y cita a García Márquez, Bioy Casares, Alejo Carpentier o Lezama Lima como maestros a la hora de describir lo que se pudre en los trópicos. "Hablan mejor de África que los escritores africanos", asegura, antes de poner como ejemplo El otoño del patriarca, donde siente que García Márquez habla mejor de Togo que él mismo. 
"En Togo o Benín, hay una parte de la población que viene de Brasil. Nuestro primer presidente, Sylvanus Olympio, venía de Brasil. Así que hay una conexión muy directa entre mi país y América, además de la conexión que tengo con la literatura", añade.
Tchak reinvidica con agradecimiento y orgullo la huella de García Márquez, Rulfo, Bioy Casares. "Lo que me interesa más es su manera de fundir la realidad con lo extraordinario", precisa. "Y mi escritura también sirve para  dar las gracias a todos los autores que me influyen".

viernes, 26 de mayo de 2017

Entrevista a Juan Ramón Tramunt en La Provincia

"Si Canarias es un paraíso, ¿por qué está en una situación de tal fragilidad?"

"Antes que apocalíptica, 'Anturios en el salón' es realista y, en ningún caso, fantasiosa", afirma el escritor Juan Ramón Tramunt

22.05.2017 | 04:00
El escritor grancanario Juan R. Tramunt, autor de ´Anturios en el salón´.
  • El escritor Juan Ramón Tramunt (Gran Canaria, 1955) traza en 'Anturios en el salón' (Baile del Sol, 2016) una distopía que sitúa a Canarias en el año 2021 en un escenario de despoblamiento total, provocado por una emisión de radiactividad que desencadena un accidente en una central nuclear en el sur de Marruecos. Desde este punto de partida, Tramunt reflexiona sobre la frágil situación en el Archipiélago y sobre la naturaleza humana ante la realidad del desarraigo y la supervivencia.
¿Cómo germinó la idea de proyectar en una novela un Archipiélago canario despoblado ante una catástrofe nuclear?
La idea de esta novela surgió a raíz de leer la noticia de que Marruecos tenía pensado construir una central nuclear en sus costas, a unos 200 kilómetros del Archipiélago canario. Entonces, todavía estaba muy fresco el accidente nuclear en Fukushima y pensé que, con una central nuclear en esa zona sísmica, donde en 1960 hubo un terremoto que destruyó la ciudad de Agadir, podría reproducirse una situación muy parecida a la de Fukushima, donde tuvieron que desalojar un radio de 100 kilómetros a la redonda. ¡Y eso teniendo en cuenta que Japón es uno de los países tecnológicamente más avanzados del mundo! Si esto ocurriera en esa central nuclear que prevé construir Marruecos, la posibilidad de que haya que desalojar medio Archipiélago no es tan fantasiosa o irreal: es una posibilidad.

En ese sentido, ¿su novela cumple la máxima de las distopías, que plantean escenarios ficticios lejanos, pero posibles?
Exactamente. Por eso, antes que apocalíptica, yo diría que Anturios en el salón es más bien realista y, en ningún caso, fantasiosa. Mi novela transcurre en ese escenario en el que se ha construido esa central nuclear y donde ha habido un atentado terrorista que la ha destruido, provocando una emisión de radiactividad en la zona. Entonces es cuando hay un decreto del Gobierno central para desalojar la provincia de Las Palmas, empezando por Lanzarote y Fuerteventura. Y en ese contexto se sitúa mi personaje y toda su reflexión a lo largo de 240 páginas en torno a distintas situaciones, donde el ciudadano común realmente no tiene nada que decir, ni que opinar.

¿En qué medida ha querido llamar la atención sobre la vulnerabilidad de las Islas y sus malas políticas de sostenibilidad?
Ahí está la reflexión: si se supone que Canarias es un paraíso, ¿por qué estamos en una situación de tal fragilidad? Ni siquiera hace falta proyectarse en el escenario de la central nuclear: actualmente, somos dos millones de habitantes en Canarias, pero el 95% del abastecimiento y de los enseres que utilizamos para sobrevivir procede del exterior. ¿Qué pasaría si, por una cuestión política, de guerras o de terrorismo, se interrumpe ese flujo? ¿Qué hacen dos millones de habitantes en una tierra donde se ha abandonado la agricultura y la ganadería, y donde la pesca está siempre en entredicho? Esta es una realidad que existe hoy.

¿En qué medida el protagonista que construye en la novela es una proyección de su propio desencantamiento hacia estas irregularidades en Canarias?
Evidentemente, mi personaje no es yo; pero, a veces, tanto al imaginar sensaciones como al describir lugares, tiendo a basarme en mi vida. En algunos casos, los aspectos coinciden y algunos sentimientos que transmite el protagonista se corresponden con dudas e inquietudes personales. En ese sentido, la literatura da para mucho.
¿También quiso trazar, a través de las digresiones de su protagonista, una reflexión sobre la condición humana?
Claro. Y del hecho de que nos acostumbramos a vivir contando con que dos calles más allá tenemos un supermercado o que, si tenemos alguna herida, podemos acudir a un centro de salud. Entonces, yo planteo la vida de un personaje que no puede contar con nada de eso y, sencillamente, tiene que buscarse la vida y tiene que levantarse cada mañana sabiendo que tiene que conseguir lo que va a comer hoy. Esa es un poco la idea.

Por tanto, ¿su objetivo es provocar al lector para que reflexione sobre esta "ficción posible"?
Por supuesto, porque el lector se va a ver identificado con esta novela y le va a resultar verosímil. Sin ir más lejos, hace poco tuvimos la crisis de las prospecciones petrolíferas y los especialistas negaban que pudiera darse una fuga de crudo. Pero una fuga de crudo ocurrió en el golfo de México, en Estados Unidos, por la British Petroleum, y estamos hablando de la costa del otro país más avanzado del mundo. Entonces, ¿por qué no puede pasar en Canarias? ¡Claro que puede pasar! Y si hubiera una emisión de crudo de esas características y llegara a Lanzarote, donde no se puede desalar el agua, las consecuencias serían terribles: el turismo se iría y apenas podríamos autoabastecernos. Claro, estas cosas no son posibles hasta que ocurren.

Con todo, además de escritor, usted uno de los editores al frente del sello Puentepalo, ¿cuándo reiniciará su actividad editorial?
La editorial se tomó un descanso durante unos meses, pero ya tenemos proyectado un relanzamiento para después del verano, con tres volúmenes de autores para acompañar esta nueva puesta en escena, con humildad e ilusión.

http://www.laprovincia.es/cultura/2017/05/22/canarias-paraiso-situacion-fragilidad/941257.html