jueves, 21 de septiembre de 2017

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Entrevista a Jordi Macarulla en Mucho + que un libro



Jordi Macarulla Tarrés. Foto: Alfons Hurtado.

Nacido en Barcelona, Jordi Macarulla Tarrés es licenciado en Filología Hispánica, diplomado en Relaciones laborales y ha cursado diversos estudios de Recursos humanos, Criminología y Psicopatología. Se define a sí mismo “diplomado, investigador y vividor de las relaciones laborales y otras interacciones humanas, criminólogo en proyecto y psicólogo pirata”. Dirige el club de lectura de novela negra de la biblioteca de Esplugues de Llobregat, donde vive. Debutó en la literatura con relatos cortos recopilados en el libro Formas del relámpago (2008) y ha publicado diversos relatos en revistas literarias, blogs y libros colectivos. Dedicó cinco años a escribir su primera novela, Desagüe, y dos más para su repaso y reescritura. Tal como él mismo confiesa,  no hay nada gratuito en esta novela que nos lleva hacia un final concreto, que incluye una banda sonora con canciones de Bruce Springsteen, Dani Flaco y otros, a consultar en la web http://desague-novela.com y una escalofriante pregunta nada más empezar el primer capítulo: “¿Crees que se puede sobrevivir al ataque de un depredador?”
Háblanos de tus inicios literarios ¿Cuándo y por qué empezaste a escribir?
Yo he escrito siempre, por eso supongo que los inicios los tendría que situar en las redacciones del colegio. Siempre intentaba hacer algo más de lo que me pedían, o al menos algo diferente. Fuera de las obligaciones escolares empecé a escribir cuentos cortos, algunos de terror y otros de temática filosófico-existencial. Guardo muchos de estos cuentos de adolescencia (algunos en papel, escritos a máquina) pero no tengo intención de hacer nada con ellos, nunca. También escribía poesía, sonetos principalmente, pero es un género cuya única continuidad durante un tiempo fue el medio de acercamiento a personas que me gustaban mucho y los pedidos personalizados que me hacían padrinos de boda, tanto conocidos como desconocidos, porque empezó a correr la voz. En algún momento lo de escribir cuentos empezó a ir más en serio y quizá, al principio inconscientemente, por los elementos comunes que tenían, iba tomando forma el proyecto de lo que sería Formas del relámpago, libro para el que escribí más de cincuenta cuentos que al final quedaron en once.

Del relato corto pasas a escribir una primera y muy ambiciosa novela. ¿Cómo se gestó Desagüe? ¿Cuál era tu objetivo en esta nueva aventura?
Durante años he leído muchos más libros de cuentos que novelas. Me gusta mucho Raymond Carver, del que lo he leído todo, y que me ha influido mucho, pero también hay muy buenos autores españoles: Gonzalo Calcedo, Félix J.Palma, Carlos Castán, Eloy Tizón, etc, Del cuento me gusta la tensión, la intensidad, la capacidad de concisión de una historia, la contención, lo imprevisible, pero también el cuidado por el estilo, por ejemplo, que tienen los autores que he citado.
Supongo que el proyecto de novela también empezó con el germen de un cuento, con una historia que rápidamente fue creciendo y se me ramificaba. Acabé por darme cuenta que solo podía ser novela. De todas maneras, Desagüe tiene mucha influencia del cuento. En su estructura, por ejemplo, con capítulos cortos y autónomos, algunos de los cuales podrían ser cuentos, con sus alternancias y sus finales abiertos, la creación de expectativa.
A mí me gusta escribir de lo que conozco y como llevo años trabajando en distintas facetas de las relaciones laborales, el objetivo en un principio era enmarcar el argumento en este ámbito y, en concreto, en un caso de acoso laboral. Luego, como he dicho, se me fue yendo de las manos.
La novela nos sitúa en el momento más dramático de la crisis económica, con empresas que cierran o que declaran ERES que dejan sin empleo a miles de trabajadores. ¿Te has inspirado en casos reales?
Siempre me inspiro en casos reales, en cosas que conozco. Pero es solo un disparadero, luego empiezo a inyectar ficción hasta que se desdibuja el modelo. Cuando empecé a escribir Desagüe se oía hablar constantemente de la crisis y cada vez había gente (y cada vez más cercana) que perdía el trabajo. No es que esto haya mejorado mucho pero a nivel colectivo no está lo presente y lo amenazante que estaba entonces. Partiendo de esa situación le quise dar una vuelta de tuerca más y escribir sobre qué pasaría si todo fuese a peor, de qué manera afectaría a la dignidad y a la ética de las personas, que cada vez hubiera más distancia entre las personas que tienen trabajo y las que no, de la importancia de tener trabajo, de no perderlo. De las personas normales, me refiero, las que necesitan trabajar para vivir, para sobrevivir.


Presentación de Desagüe en la Casa del Llibre de Barcelona, con Marc Romera y Rosa Ribas. ¡Lleno a rebosar!

Novela negra, novela psicológica, novela negrolaboral. ¿Cómo describirías Desagüé? ¿Por qué este título?
Pues yo la describiría como negra, como psicológica y como negrolaboral. Cualquiera de las tres definiciones o las tres juntas. En la presentación de Desagüe, Rosa Ribas dijo que era una novela negra sin los elementos esenciales de la novela negra y no puedo estar más de acuerdo. No hay policías (al menos no con un papel relevante), no hay enigma propiamente dicho, no hay procedimiento policial en el que el autor va dosificando pistas al lector, no hay un personaje protagonista con el que identificarnos y nos llevará a esclarecer el caso, no hay que adivinar quién es el malo. Pero hay mucha parte oscura de la condición humana, es lo que mueve la trama.
El título, que está desde el principio, es metafórico. El agujero en el suelo por donde va cayendo toda el agua sucia.
La novela arranca con una pregunta “¿Crees que se puede sobrevivir al ataque de un depredador?” formulada por Oscar, un consultor especializado en reflotar empresas en situación de crisis y protagonista principal de la novela ¿Qué puedes contarnos de este personaje?
La novela arranca con esa pregunta, pero el mismo primer capítulo de la novela acaba con una pregunta todavía más escalofriante: A quién serías capaz de sacrificar para sobrevivir al depredador.
Curiosamente, gente que ya ha leído la novela, de las primeras cosas a las que me hacen referencia es al personaje de Óscar. Lo que puedo contar es que es el personaje que maneja la trama, que hace mover al resto de personajes de un lado a otro, a su antojo. Es un perverso narcisista al que se le otorga mucho poder para hacer cosas. A partir de aquí…
Se trata de una novela coral, con muchos protagonistas que se encuentran en una situación límite. ¿Podrá el lector identificarse o sentir empatía o compasión por algún personaje?
Cuando acabé de escribir Desagüe y antes de la fase de revisión y reescritura, di a leer el texto a diversas personas, algunas de las cuales no se conocían entre sí e incluso, en algún caso, me conocían poco. Alguien me dijo que no había ningún personaje con el que identificarse y me lo dijo como una crítica en negativo. Creo que es verdad, que no hay ningún personaje con el que identificarse como suele haber en la novela policiaca, el que investiga, con su carga de problemas personales algunos de los cuales nos pueden producir más o menos empatía, aquel personaje protagonista al que acompañamos durante toda la novela, en el que confiamos pase lo que pase, el hombre o mujer bueno o buena por encima de todo. En eso estoy de acuerdo. Pero yo creo que sí podemos identificarnos, lo que no querremos es identificarnos con estos personajes porque todos hacen cosas que no queremos admitir que quizá también haríamos si estuviéramos en su lugar, viviendo lo que ellos están viviendo. Quizá es que preferimos mirar hacia otro lado. Podemos identificarnos pero seguramente no querremos reconocerlo.
Hay que decir también que la carga negativa de los personajes no es uniforme. Hay gente mejor y peor en esta novela, como en todas partes.


El autor, Jordi Macarulla, firmando libros en La Casa del Llibre, de Barcelona.

La música también está presente en Desagüe y podemos encontrar la banda sonora en la web http://desague-novela.com ¿Qué papel le otorgas en la novela?
La música ha tenido un papel importante durante toda la escritura de la novela como también lo tiene en mi vida cotidiana. Me gusta oír música en determinados momentos: cocinando, conduciendo, etc. También me gusta escribir escuchando música y he escrito buena parte de la novela en las bibliotecas o entrada la noche. En estas situaciones me tenía que poner los cascos e iba haciendo. Estoy seguro también que escribir escuchando música puede acabar teniendo cierta incidencia en el ritmo de la narración.
Quizá hacer una banda sonora de la novela ha sido como compensar esa ayuda que me ha supuesto la música mientras escribía la novela. En todo caso, son pocas canciones y muy escogidas, de autores que me gustan mucho y que tienen mucha relación en el momento que vive el personaje en cuestión cuando aparece la canción.
¿Decidiste la trama y el final de la novela antes de empezar a escribir? Cuéntanos cómo escribes.
La base la decidí al empezar a escribir, pero, como decía antes, el tronco ha crecido mucho y se ha ramificado. La trama principal la tenía pero las subtramas o determinadas variaciones han ido surgiendo durante la novela. Hay personajes que han ido apareciendo sobre la marcha y han cobrado una importancia no prevista al principio. A otros les ha pasado lo contrario y esto ha condicionado el argumento.
No sé en qué momento decidí el final de la novela, pero no fue al principio. Aunque el final final, el último detalle, fue cuando ya estaba escrita y revisada. Un amigo al que le llevé el manuscrito y en el que confiaba mucho, Albert, que redactó el texto de la contraportada y que murió antes de que se publicara Desagüe, me dijo que le había gustado mucho pero que notaba que faltaba algo al final que no sabía qué era. Tras darle vueltas a cómo hacerlo volví con ese cambio y me dijo literalmente que a eso se refería, era eso lo que le faltaba. Fue como acabar de cerrar del todo la escotilla para que no pudiera salir ni una gota de agua. Me dio su visto bueno.
¿Cómo escribo? No tengo una metodología concreta, no planifico demasiado ni me hago esquemas ni tengo muchos apuntes al lado. Lo tengo en la cabeza y si necesito algo durante el proceso, lo busco. Aunque es verdad que la novela, y más la novela negra, necesita cierto orden que he tenido que obligarme en este caso. Y escribo lento, demasiado lento, dedicándole mucho menos tiempo del que debiera, reescribiendo mucho. Es algo que tengo que trabajarme. Y aislado, con tiempo por delante, con mucho silencio u oyendo música. Y revisando mucho el texto antes de darlo por acabado.


Presentación Desagüe en la libreria Barra/Llibre, de Barcelona, con Xavi Ballester.

¿Desde cuándo diriges el club de lectura de novela negra de la biblioteca de Esplugues de Llobregat? ¿Incluirás Desagüe en la lista de títulos a leer y comentar? ¿Por qué motivo?
Empecé a dirigir el club de lectura hace tres años. Todo surgió de forma un poco casual y al principio no sabía muy bien dónde me metía. Nunca había estado en ningún club de lectura, ni dirigiendo ni en el grupo, tampoco he estado en talleres de escritura y cosas por el estilo. Pero a punto de empezar el cuarto año he de confesar que el club de lectura me ayuda a mantenerme literariamente activo, me enriquece. Tengo un grupo muy fiel y muy dinámico y eso se agradece. Creo que es un club de lectura diferente; aparte del libro mensual hacemos películas, series, cuentos, etc., y últimamente también casos reales, con un alto nivel de acierto.
Y sí, el primer libro que hacemos el próximo curso es Desagüe. Es una propuesta que surgió del grupo el último día y a mí me pareció perfecto, cómo no. Además, lo haremos en abierto, puede venir quien quiera que haya leído el libro. 17 de octubre.
Lecturas recomendadas para promocionar el gusto de las jóvenes generaciones por la lectura…
Creo que se están perdiendo lectores cada día. No veo demasiada gente joven leyendo y eso es preocupante. La lectura empieza a no ser atractiva y habría que hacer algo. No hay demasiados clubs de lectura para jóvenes, por ejemplo. Eso debería fomentarse y la novela negra, policiaca, etc., podría aportar mucho en este sentido. Con una buena selección de títulos y un planteamiento dinámico de las sesiones y adaptado a estas generaciones creo que se podría empezar a revertir esta situación. En concreto, en novela negra hay autores interesantes que llegarían bien a determinadas edades, Mikel Santiago, por ejemplo. Los libros de cuentos, también serían muy válidos para este cometido. Hay muchos niños a quien les gustan los libros, incluso cuando todavía no saben leer, pero luego, a partir de cierta edad, van perdiendo el interés. Algo falla. Quizá habría que plantearse las lecturas en los centros educativos y la obligación de leer cosas que no gustan y que generan rechazo. Está bien esto de los clásicos, pero quizá habría plantearse también otras cosas.


Un momento de la presentación de Desagüe en Barra/Llibre, Barcelona.


Actualmente, tus cinco títulos de novela negra favoritos son…
Más que títulos, autores. Empecé en la novela negra leyendo obras de Patricia Highsmith y Jim Thompson. De este último El asesino dentro de mí1280 almas. De ambos autores me gusta el tipo de personajes principales, odiosos y malvados más que héroes con los que identificarnos. Luego descubrí a Harlan Coben y John Connolly, y me fue interesando todavía más la novela negra. Y más tarde Jo Nesbo. Creo que la adicción por el género me vino definitivamente con Headhunters, una novela negra muy potente de Nesbo. Aunque cualquier novela suya vale la pena. El otro día vi otra vez la película y me di cuenta que se me habían colado algunas dosis de Headhunters en Desagüe. También Pierre Lemaitre. Irene, por ejemplo.
En castellano me gustan sobre todo, Carlos Zanón y Rosa Ribas. Sus particulares universos negros. De Carlos Zanón, en concreto, No llames a casa.
Y en catalán he descubierto hace poco a Jordi de Manuel.
Y otro título, Luna caliente, De Mempo Girdinelli.
Consejos para un autor novel…
Los mismos que me doy a mí mismo. Primero leer mucho y mantener el hábito, no dejarlo. Sacar tiempo de dónde sea. No se puede escribir bien sin leer mucho. Y leer sobre todo cuentos. Hay cuentos que son auténticas lecciones de estilo con poca inversión de tiempo.
Luego escribir mucho y reescribir mucho más. No conformarse y ser autocrítico, y aceptar consejos. Cambiar cosas si hay que cambiarlas. Estar seguro antes de dar por acabada una obra, no precipitarse. Y no copiar, buscar nuestro propio estilo.
Para escribir creo, también, que es importante la distancia, alejarnos del personaje, no contaminarlo, no hablar de nosotros cuando escribimos e intentar que parezca que no es así. Que nuestros personajes principales no sean como nosotros. No explicar, mostrar y dejar que los personajes vayan teniendo vida propia.
Y, sobre todo, no desanimarse, que publicar cuesta mucho.
Por último, nuestra pregunta obligada: Háblanos de tus proyectos de futuro…
Ahora mismo mi segunda novela. Esta sí, negra sin ningún tipo de dudas. En eso estamos.
Desde Mucho Más Que Un Libro te deseamos mucha suerte.

http://www.muchomasqueunlibro.com/entrevista-a-jordi-macarulla/

OBRAS SON AMORES: Juan Manuel Uría. TRANSFORMACIONES y LAS HUELLAS DEL LÍMITE

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martes, 19 de septiembre de 2017

Reseña de PRESBICIA, de Jorge Ortiz Robla en El coloquio de los perros

PRESBICIA

9/19/2017
 JORGE ORTIZ ROBLA. PRESBICIA
(Baile del Sol, Tenerife, 2016)

por GREGORIO MUELAS BERMÚDEZ
             Presbicia es el significativo título con el que Jorge Ortiz Robla (Las Palmas de Gran Canaria, 1980) publica su nueva entrega poética, tras el éxito de su opera prima La simetría de los insectos (Lastura, 2014).
        No podía elegir mejor título su autor, pues la presbicia, también denominada vista cansada, se debe a una anomalía o defecto del ojo que imposibilita ver con claridad los objetos cercanos. En efecto, ese es el sentido de este poemario, donde se nos invita a reflexionar sobre las cosas cotidianas, aquellas que vemos día a día y que la mayoría de las veces, de estar tan cerca, apenas reparamos o nos detenemos en ellas. Es en estas cosas donde el poeta, como muy bien señala David Trashumante en el comentario que firma en la contraportada, es «el que ve, el que mira, el que enfoca desde lo múltiple» la vida, pero con la debida distancia para observar con actitud crítica y compromiso social. Es esta una de las señas de identidad del estilo del poeta canario afincado en Catarroja. Otra, tal vez la más definitoria, es el lenguaje que emplea, caracterizado por una envidiable sencillez tras la que se vislumbra un intenso trabajo de depuración.
        Las dos citas que encabezan el libro, de Fernando Pessoa y Pablo Neruda, señalan los puntos de vista que guiarán el contenido del poemario y la necesidad de cambiar el mundo que nos rodea. Como dos son los ejes, o partes, sobre los que se articula: “La tierra es circular”, que agrupa diez poemas breves, y “Presbicia”, bajo cuyo epígrafe se reúnen veintidós poemas.
        De lúcida podemos calificar la palabra de Jorge Ortiz, pues es su realidad y su desnudez, liberada de prejuicios, la que le permite decir con voz clara y precisa lo que nuestros ojos, los del lector activo, inquieto, necesitan.
         Sin más título que el cardinal que los ordena, los diez poemas que constituyen la primera parte indagan, o más bien reflexionan, sobre el otro lado, que se extiende sobre «la grieta sucia, casi opaca» porque «la tierra es circular / como los puntos de vista».
         En la segunda parte es donde lo lírico y lo social se imbrican para poner de relieve la intrínseca ceguera de una sociedad decadente. Así reza en el poema paradigma:

La economía sufre presbicia.
La religión sufre presbicia.
La política sufre presbicia.
La sociedad sufre presbicia.
Hay que cambiar la lente,
hay que volver a aprender
hay que enseñar
a enfocar.
         Pero Jorge Ortiz también echa mano de las nuevas tecnologías, que no son más que una ilusión de libertad, como el pájaro enjaulado que no aprende a volar.
         El ojo es la metáfora, a través de él enfoca el “punto próximo” y “el punto remoto” para decir lo que no queremos escuchar, y lo hace con un lirismo conciliador, que pone el acento en la necesidad de desvelar lo aparentemente rutinario, como el fin, cuyo sonido nos acompaña desde el inicio, parafraseando un verso de Agustín Fernández Mayo, referente del autor; o la capacidad de amar, algo relativo y temporal, que es lo que nos hace precisamente humanos, sobre una anécdota de Stephen Hawking.
         Los versos de Jorge Ortiz ponen en solfa esa moral que permanece impasible ante el drama de aquellos que buscan una nueva vida desde el otro lado del océano, porque como dice en el poema ‘Borges’:

Era la nieve
la que moraba dentro
de sus pupilas.

         Y es que, en definitiva, Jorge Ortiz nos habla de cerca para decirnos con voz lírica lo que nuestros ojos, cansados de promesas, no ven o prefieren no mirar. Ese es el mensaje del poeta: miren y lean y, sobre todo, actúen sobre la realidad.
 

OBRAS SON AMORES: Ángel Petisme. DEMOLICIÓN DEL ARCO IRIS

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